Poder municipal

Con el devenir del tiempo, la mala praxis política se ha configurado como “normal”. La ciudadanía ha aceptado como inevitable el hecho de ser gobernada por una “clase política” que recurre a ella cuando necesita de los votos que les mantengan en sus puestos y les garanticen sus privilegios.

Es cierto que a cualquier ciudadano le resulta difícil imaginar el incidir en la gobernabilidad del Estado o de su Autonomía, los centros de decisión quedan lejos de su alcance. Pero también podemos afirmar que si existe un ámbito en el que el principio de subsidiariedad se muestra de forma preclara: los municipios.

La actuación de los gobiernos locales es conocida de primera mano, se refleja durante toda nuestra jornada. El funcionamiento de la vía pública, la atención en los organismos de gestión, las escuelas, el urbanismo, la policía local, la relación con las organizaciones de ciudadanas y otros muchos aspectos de la vida cotidiana, son, sin lugar a dudas barómetros de nuestra realidad en relación a aquellos que nos gobiernan por el mandato que les otorga nuestro voto…

En cualquier caso, también es cierto que en demasiadas ocasiones, los munícipes han “clonado” comportamientos de la mal denominada “política general”. Muchos ayuntamientos han tejido redes clientelistas utilizando los recursos públicos, buscando asegurar su representación y cargos, incurriendo en un despotismo que se aleja sin duda del interés común de la globalidad de la población.

Muchos gobiernos municipales amparándose en mayorías absolutas, han gobernado de espaldas a los verdaderos intereses de sus ciudadanos. Sus trabajos por mantener estatus les ha hecho olvidar su verdadera razón de ser y lo que debe primar a la hora de tomar decisiones: velar por los intereses de todos los vecinos y la mejora de su calidad de vida…

No lo duden, es cerca de casa donde podemos incidir, es cerca de casa donde podemos actuar, es cerca de casa donde podemos dar un giro de 180º  a la realidad.

La política, en cualquiera de sus ámbitos es opaca y poco o nada tiene que ver con las propuestas programáticas electorales. Una vez conseguido el poder se hace caso omiso al compromiso adquirido y se gobierna por contingencia interesada. Tan solo en nuestro pueblo podemos ser “revolucionarios”.

De forma clara se pueden reconocer a los cargos de confianza sin relevancia práctica. Los privilegios a nivel de asistentes personales, vehículos de utilidad pública dudosa y los actos de auto-afirmación utilizando recursos públicos y no del partido son, sin duda, aspectos que como ciudadanos podemos denunciar.

Otro aspecto a corregir es la falta de transparencia en la información. El conocimiento de todos los aspectos de la gestión de gobierno ha de ser un derecho y no el privilegio de unos pocos. Un ciudadano responsable no debe quedarse en el boato y el gesto de un equipo de gobierno. El ciudadano debe aspirar a ser compromisario en la gestión pública de su pueblo y hacer cumplir a los gobernantes locales con las “verdaderas obligaciones” de su cargo. Una sociedad justa empieza a gestarse localmente…

Ser ciudadano es un cargo público en sí mismo; ejerzámoslo.

POLITICA ES MORAL

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