La zanahoria y el burro.

Posted by: | Posted on: marzo 17, 2013

«La incultura es una situación que encierra al hombre tan herméticamente como una cárcel». Simone de Beauvoir.

El término cultura, en su origen latino, significa cuidado del campo. A través del tiempo y de la evolución de la sociedad humana, va asentándose un sentido figurado que describe el desarrollo del conocimiento y la adquisición del mismo. En los estados nacidos de la caída del antiguo régimen y el modelo de la Revolución Francesa, ser culto es sinónimo de ser libre…
Partiendo del binomio cultura-libertad, aquellos ciudadanos considerados “cultos” pueden ser un peligro para los gobernantes que desean y necesitan masas amorfas , carentes de criterio propio y por tanto sin capacidad crítica. La derivada siempre será hacia aquellas actividades de sencillo entendimiento, fácil consumo y llenas de simbolismo básico. ¿Les suena a ustedes un deporte llamado fútbol?
Pero miren ustedes, siempre queda en evidencia la mentira de la grandilocuencia y acaba por resurgir la llama del saber. Los pequeños cambios son poderosos y como un fósforo pueden crear una gran explosión también en la cultura.
La torpe medida del actual gobierno del PP elevando el IVA de los productos culturales del 8% al 21%, no consideró que la cultura es, sin duda, merecedora del tipo reducido de este impuesto ya que alimentar nuestro conocimiento es objetivamente algo de primera necesidad. Tan injusta es la medida, que ya ha aparecido algún Robin Hood que con creatividad ha conseguido evitar que nuestro particular Sheriff de Notthingam expolie los templos del saber.
Quim Marcé, director del teatro municipal de Bescanó (Girona), no viste calzas verdes ni luce una pluma en su sombrero, pero sin disponer de arco y flecha ha hecho blanco sobre el negro futuro que parecía esperar a la institución. El ufano director, lejos de amedrentarse, buscó fórmulas para mantener la asistencia de público y cuadró el círculo. Decidió regalar una entrada por la compra de un manojo de zanahorias, producto que disfruta de un IVA superreducido. ¿Consecuencia?, un éxito comercial y de asistencia. Quince euros por una zanahoria y además alimentamos el espíritu. Genial el tipo de Girona…
Quizás esta medida de supervivencia y de protesta no sea más que un gesto, pero también es un síntoma innegable de que un ciudadano culto es, a todas luces, capaz de defenderse. Ha sido gratificante ver como intentando que engañara al burro, la zanahoria se ha pasado al enemigo.
POLITICA ES MORAL

 





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