¿Más vale lo malo conocido?…

Posted by: | Posted on: febrero 21, 2015

Si todos los políticos son iguales, si todos los partidos son iguales, si nada va a cambiar, ¿para qué votar?…

Estimados ciudadanos, existe una única razón y de un valor incalculable. Votar es lo único que se ha demostrado eficaz, para bien y para mal, en nuestra democracia.
Todo activismo frente a los problemas o a las manifiestas injusticias sociales, se ha estrellado contra unos gobiernos que han hecho de sus mayorías patentes de corso. Podemos mirar a otro lado y decir que no, que la calle es el escenario de la voluntad popular, pero la realidad es otra, nos guste o no…

Cada cuatro años se convocan elecciones a nivel local, autonómico y estatal, en Europa cada cinco. Es en el momento de esos comicios, cuando un sistema electoral manifiestamente injusto puede ser la trampa de aquellos que pretenden manipularlo. ¿Qué debemos hacer entonces?, ¿a quién hemos de votar para conseguir un verdadero cambio?. Sencillo, primero imponernos la obligación de emitir nuestro voto, pues a pesar de la abstención, la representación se otorga en base a los sufragios de una minoría social (recordemos que un 50% de participación se considera un éxito y lo normal es no llegar ni al 45%).

Primer punto de atención, cuanto mayor sea la participación, más real será la representación social de los cargos electos.
Sin duda la abstención es un derecho, pero atendiendo a la experiencia pasada, en nada afecta a los partidos mayoritarios. Votar en blanco visualiza el descontento frente al sistema, pero abona un terreno estéril. Trocar blanco en siglas podría ayudar a las alternativas con menos votos a tener representación. No incidiré en demasía en los votos nulos, pues estos son escasos y en realidad tienen el mismo efecto que la abstención (en las últimas elecciones al Parlamento Europeo, en mi pueblo, algunos votantes escribieron en las papeletas frases de protesta y tras quedarse muy a gusto, regresaron a casa sin haber conseguido nada de provecho).

Segundo punto de atención, ¿la mayoría absoluta representa realmente a la mayoría social?.
Sin ninguna duda, no. La Ley electoral parece estar diseñada para el bipartidismo. Si desean comprobarlo, revisen los resultados de cualquier elección y verán como partidos con una menor cantidad de votos consiguen más escaños que otros…

Tercer punto de atención, ¿qué opción nos queda para alterar una realidad injusta?
En mi humilde opinión, votar a partidos minoritarios. Romper con ese gesto la estructura del inmovilismo clientelista, en definitiva romper la baraja que hasta la fecha han usado los tahúres conocidos. No vale decir que todos los políticos son iguales, ¿Cómo podemos afirmarlo hasta que no puedan hacer una verdadera labor de gobierno?.

Hemos de informarnos, acercarnos realmente a los candidatos y sus propuestas, analizar los partidos en su espectro más amplio, valorar el trabajo tangible realizado en el verdadero activismo social y entonces, tras ejercer nuestro verdadero cargo de ciudadanos, optar en conciencia en el momento de introducir nuestro voto en las urnas.

No quisiera omitir una obligación autoimpuesta. No esconderé que estoy integrado en una formación política, la misma concurrirá en las próximas elecciones municipales y estoy seguro que soy y somos tan sospechosos como cualquier otro partido que en el pasado se postulase a hacer las cosas mejor. Pero lo cierto, lo que es innegable es que nada del pasado nos lastra el futuro. Siendo así, ¿no creen que iniciativas nuevas merecen una oportunidad?. Interesadamente yo afirmo que sí, pero la respuesta estará, como siempre, en todo y cado uno de los habitantes de mi pueblo…

Cuarto punto de atención, ¿podemos asegurar la eficacia y la eficiencia de los partidos alternativos una vez gobiernen?.
Sin duda la respuesta es sí. En cualquier caso y como ya he reflexionado anteriormente, todo pasa por una masiva presencia de votantes para conseguir representación de esos partidos. De nada sirve una gran propuesta si no se plasma en una representación real en los órganos de gobierno.

De veras, ser ciudadano es un cargo público en sí mismo y como tal obliga. Llegarán los comicios, si no hacemos nada, si damos por bueno que decidan otros, si nos dejamos llevar por la gradilocuencia de aquellos que tienen más recursos para propaganda, para manipular los medios de comunicación, para convocar actos lúdicos y para sonreirnos sin decoro mientras no buscan más que nuestro voto, entonces caeremos en la vieja trampa como conejos frente a los focos de un coche.

Quinto y último punto de atención. Cuando no hacemos lo que toca, viene otro y lo hace por nosotros. No queda otra, el que quiera peces que se moje el culo y han de creerme, por ir a votar nadie ha pillado una pulmonía.

POLÍTICA ES MORAL.





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