Daniel Perales

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Posted by: | Posted on: mayo 16, 2013

Salir de la crisis.

Las previsiones económicas de todos los estamentos que nos gobiernan en la sombra, por cierto, una sombra cada vez más alargada y menos evidente que sea sombra, dicen que España crecerá en 2014 y empezará a crear empleo. El Gobierno en masa sale a la palestra a celebrar los designios divinos del FMI y el BM y todos debemos saltar de alegría en nuestras casas mientras vemos los telediarios de la primera cadena pública.

¡A consumir! Parece que deberíamos todos animarnos de nuevo a salir a la calle a arrasar los centros comerciales y a no dejar para mañana lo que podamos comprar hoy. Felicidad, alegría y dicha, por fin mis familiares, amigos y conocidos duramente golpeados por esta situación injusta, podrán volver a recuperar la dignidad de sus vidas.

Pero analicemos la letra pequeña y aprendamos a hacerlo ahora después de saber que las preferentes o las cláusulas de suelo hipotecarias, entre otras prácticas abusivas, estaban aceptadas por los mecanismos de control y supervisión del Estado.

Mientras nos venden desde las cadenas públicas toda clase de fantasías a elegir: por un lado una situación económica a corto plazo de Bambi y por el otro un viaje al país de las Masravillas, nos encontramos desde el debate sereno que nos espera un tiempo en el que ser mileurista será un privilegio, en el que reclamar algún tipo de derecho laboral será motivo de despido inmediato y gratuito. Un tiempo de inestabilidad en el que la clase trabajadora quedará todavía más supeditada a los designios del capital, en el que los minijobs alemanes serán el modelo precario de trabajo a importar, un modelo en el que no competiremos por haber evolucionado en investigación y desarrollo sino por haber devaluado hasta el máximo soportable los costes laborales.

Un patrón en el que los índices macroeconómicos volverán al equilibrio pero en el que las economías domésticas seguirán con tremendas dificultades para llegar a final de mes. En el que los jóvenes seguirán con grandes dificultades para emanciparse, en el que nuestros mayores cobrarán pensiones (si las cobran) que no les llegará ni para medicinas. En definitiva, en el que el Estado del bienestar dejará paso al Estado del sobrevivir. Y encima tendremos que dar gracias después de haber experimentado una situación tan dramática.

Un nuevo triunfo, por tanto, del desequilibrio cada vez más manifiesto entre los beneficios del capital y el trabajador dentro del proceso productivo. Un nuevo trasvase dinerario de las clases populares hacia las rentas del capital para que en su opulencia haga ¿el qué? ¿Crear tejido productivo y economía real, fuente de riqueza a medio plazo con unas políticas redistributivas adecuadas? ¿O para seguir con las prácticas especulativas anárquicas basadas en la codicia más absoluta de las que el mismo Adan Smith renegaría enérgicamente y que han creado esta situación de miseria e indignidad?

Aprendamos la lección y por como estamos ahora y por como estaremos cuando nos   recuperemos de la crisis, no cabe otra que organizarse y plantar cara. O eso o volver a las condiciones laborales de la Revolución industrial. El capital se ha globalizado y organizado y los trabajadores nos hemos aislado e individualizado. Reflexionemos para poder defendernos mejor.

Publicado en La Voz de Barcelona.

CIUDADANO REBELDE (Izquierda no nacionalista)

Facebook: Dani Perales

Twitter: @INNdaniperales

 

Posted by: | Posted on: marzo 29, 2013

Terrorismo social.

Las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Ministros, desde la llegada al poder del PP, son tan esperadas como temidas por la ciudadanía. Quien ríe el viernes, llora en domingo, dice el refranero popular, al que yo le añadiría que ni en el propio viernes nos dejan reír.

Y es que este final de semana ha sido especialmente doloroso para mí, seguramente porque se ha tratado un tema que desgraciadamente conozco de primera mano. Escuchar la bien lograda ingeniería verbal de Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad, para enmascarar la estafa perpetrada por los bancos a personas como mi abuela que no saben ni leer ni escribir, en el escándalo de las preferentes, ha sido la gota que ha colmado un vaso que ya andaba bastante cargado.

Resulta que las entidades bancarias, además de ejercer un papel importante en la creación de una burbuja inmobiliaria cuyas consecuencias estamos pagando cruelmente, se dedicaron a vender productos financieros de alto riesgo a pensionistas y pequeños ahorradores, que confiaron en aquellos que les ofrecieron un interés interesante a plazo fijo y con disponibilidad absoluta del capital.

Miles de personas humildes perderán los ahorros de toda la vida de forma injusta y el Gobierno únicamente es capaz de sacar a la palestra a su insigne ministro para que les venga a decir que jugar en la bolsa es lo que tiene, que altos rendimientos siempre van ligados a altos riesgos. Con total rotundidad afirmo que los mejores consejos que jamás he recibido han venido por parte de mi maravillosa abuela, pero con igual vehemencia ratifico que ni rendimiento ni riesgo son conceptos que ella asimile a su economía doméstica. Imagino que una pensión de viudedad tampoco da para grandes juegos bursátiles.

Y en estas, uno tiene que leer que algunos políticos se quejan de que les persigan hasta sus casas mediante el ya famoso escrache nacido en Argentina cuando el corralito. Si estamos volviendo a la época de los códigos arcaicos en los que las leyes se diferenciaban claramente entre poderosos y humildes, ¿no es incongruente quejarse de que la gente pueda llegar a tomarse la justicia por su mano ante unos representantes que en vez de defenderles les hunden en la miseria cada día más?

Estamos llegando a un punto en el que empiezo a creer que únicamente la presión social asfixiante puede acabar con estos listos. Y estoy a un paso de llegar a justificar acciones más contundentes contra estos terroristas sociales. Nunca he creído en la violencia para solucionar ningún conflicto, pero tampoco creo que poner la otra mejilla sea la solución en estos momentos.

La democracia, el buenismo y la sociedad de consumo han matado la lucha social y la colectividad. Nada importante se mantiene solo y hace ya bastante tiempo que diferentes grupos sociales se están movilizando contra este tipo de abusos. Y si persiguen a algunos responsables políticos hasta sus casas y les señalan, un aplauso y un olé para ellos. No es para menos.

Artículo Original de Daniel Perales.

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Posted by: | Posted on: septiembre 16, 2012

La “futbolización” de la política.

Este mes ha sido un período absolutamente funesto para la convivencia en Cataluña, con la guinda en el pastel de la marxa sobre Barcelona (no me digan que no han sentido un escalofrío con el lema), que se suma a más de 30 años de lavado de cerebro generalizado y estupidez colectiva sin igual.

Queda ya lejos el espíritu de la Transición: la concordia, el entendimiento, la tolerancia, la unidad, el respeto a la pluralidad, el buscar el encaje para todos y las ganas de encontrar aquello que nos unía y que nos une frente a lo poco que nos separaba y que hoy en día algo más lo hace. Adolfo Suárez (UCD) fue un estadista según lo analicemos, o simplemente un ingenuo que no supo entender que el nacionalismo nunca se contenta, jamás tiene suficiente, vive de ello, se alimenta de la ilusión, de lo que no existe pero anhela conseguir, del futuro celestial, de las emociones, los sentimientos, la pasión y lo irracional…

Fruto del mal cerrado pacto constitucional, del maquiavelismo y la obsesión de unos y de la falta de patriotismo o simplemente dejadez, desinterés o incapacidad de otros, nos encontramos actualmente ante una problemática importante a sumar a la larga retahíla de las que ya nos vienen sobrevenidas a nivel económico y social, y que tiene difícil solución con los mimbres de los que disponemos.

La política debería ser siempre entendida como la fórmula para llegar a acuerdos beneficiosos para todos, considerando la realidad física y humana del lugar sobre el que tomar decisiones. Para la toma más justa y equilibrada de estas decisiones, la democracia es el mejor sistema político conocido hasta el momento (Churchill dixit) y en esa fórmula cabe todo el mundo que la respete y la entienda en su grandeza, excluyendo por definición a aquellos que quieren aprovecharse de ella y de su bondad natural para convertirla en un arma para la victoria frente al otro. Democracia es virtud del entendimiento y gobierno del elegido para todos los que lo eligieron y los que no lo hicieron. Además, la política, engarzada en el sistema democrático, debería servir para decidir sobre nuestras vidas, siempre que fuera necesario para salvaguardar las libertades de todos, cercenando lo menos posible las libertades individuales.

En cambio el fútbol es otra cosa, es pasión, fervor, sentimiento, amor irracional a unos colores, a una bandera, a una ilusión, a unas sensaciones… Por mucho que defiendas el respeto al rival, el juego limpio, las buenas maneras, el fair play, en el fondo, todo seguidor fiel a un equipo desea lo peor para el rival, se ríe de sus desgracias, sufre con sus victorias y jamás acepta la realidad de lo que sucede. Los colores son más importantes, si tu equipo gana somos los mejores, si tu equipo pierde es culpa del árbitro, del entrenador, de la directiva, del estado del césped, de que no me he traído mi amuleto favorito al campo hoy, o que tal o cual jugador no ha salido al terreno de juego motivado. Cuando tu equipo pierde, tu tristeza dura poco, rápidamente, como un resorte, saltas de tu butaca y piensas, da igual, el año que viene lo conseguiremos, somos los mejores, y así ad infinítum.

No seré yo el primero ni el último en tocar el manido tema de la dualidad humana. Todos tenemos nuestro lado racional que intentamos imponer al irracional, no siempre con éxito, y a menudo es común reflexionar sobre que por muchos intentos que hagamos por racionalizar las cosas, el efecto sorpresa irracional nos ayuda a tener éxito en según qué empresas. Está estudiado que el acervo cultural y genético como especie nos proporciona una información muy válida a la hora de tomar decisiones rápidas. Por tanto, saber utilizar inteligentemente ambas estrategias nos aporta un equilibrio a la hora de decidir qué nos favorece, exponencialmente. Como conclusión diríamos entonces que para unas cosas es mejor racionalizar, meditar, pensar y reflexionar, pero para otras es mejor dejarse llevar por las emociones internas, por la emoción, por el lado irracional.

Pero estarán conmigo que la política no admite prisas, no se lleva bien con las decisiones rápidas. Es demasiado importante decidir sobre la vida de millones de personas, que a la vez viven en red con otros tantos millones más, como para fiarnos de nuestro lado irracional. Por lo tanto, convendríamos todos que la política sería uno de los lugares perfectos para que se instalara cómodamente el raciocinio y copa de brandy en mano y habano de calidad, sopesara una y otra vez variables y más variables hasta llegada la madrugada, y únicamente con todos los elementos de juicio analizados, tomara las decisiones más adecuadas para todos.

En estos días, es evidente que nos encontramos con la copa de brandy rota por el trajín, el habano humedecido por las lágrimas y con unos políticos, que a golpe de garrote, toman decisiones precipitadas y peligrosas, poco meditadas desde la razón y extraídas en vena directas desde el corazón.

El nacionalismo más reaccionario está ganando la partida, cuando en democracia las partidas no se ganan, se empatan. El nacionalismo está utilizando perversamente la democracia y los medios de que esta dispone para la difusión de sus logros positivos, para difundir el odio, el enfrentamiento y la sinrazón. El nacionalismo está utilizando el legítimo sentimiento de muchas personas para despreciar el de los otros, tan válido como el suyo. El nacionalismo ha encontrado el camino que en su mundo onírico siempre anheló, lo tiene ahí, a tocar de un dedo dicen, y por el camino le da igual quién o qué salga perjudicado. El nacionalismo ha encontrado la llave de su tierra prometida y ya nada ni nadie le puede apartar de la consecución de la victoria final.

Pero el nacionalismo no sabe, aunque sí lo saben los que lo dirigen, que el precipicio hacia el que nos llevan no tiene fondo, que la fractura social que se está produciendo será difícil de arreglar, que todo el camino andado jamás podrá ser desandado y que el éxito y la victoria de unos, será la grave derrota de otros.

¿No habíamos quedado que en democracia no debían haber vencedores y vencidos?

A ellos les da igual, es la “futbolización” de la política, es la muerte de la razón.

CIUDADANO REBELDE (Izquierda no nacionalista)

Facebook: Dani Perales