Yo acuso.

Posted by: | Posted on: marzo 18, 2014

“Sólo en soledad se siente la sed de la verdad”. María Zambrano.

Y así es, sin lugar a dudas, el lugar en que hoy malvive la verdad. Un solitario calabozo en el que presa de las mentiras vestidas de certezas, no puede alzar la voz de su desesperación.

Pero si hay algo que no cesa, si hay algo que nunca se acaba, es la eterna promesa de una futura fuga de los muros que la atrapan. Siempre habrá alguien fuera de los penales pretendiendo liberar a una verdad no solo hermosa, también necesaria y costosa. Así pues, ya se nos da el momento de sacar del lodo el agua clara…

María Zambrano nos abre una puerta que ya dibujó su maestro Ortega y Gasset. La verdad, guste o no guste a los que siempre la niegan una o mil veces, “es lo único que esencialmente necesita el hombre”.

Es en nombre de la verdad, de la realidad que nos escupe a la cara en cada jornada, que puestos a decir lo que pensamos, es mejor que lo hagamos sin dilación. No tenemos ya tiempo para lisonjas y medias tintas, se nos acaba el crédito. Así, mejor dejar que las palabras nos hablen de los hechos. Cualquiera será el Hermes que útil resulte, pero hoy por así quererlo, elevo la voz y abrazado a la esperanza de la que antes hablaba, yo acuso…

Yo acuso a todos los que diciendo ser representantes de la voluntad popular, han hecho de ese privilegio una oportunidad de abuso y expolio.

Condeno al desprecio a una clase política que ha tenido la oportunidad de construir una sociedad mejor y que por el contrario ha preferido robar el futuro a los demás para asegurar el propio. Creerán ustedes que pretendo disparar con pólvora de rey a los supuestos monstruos que nos manipulan desde logias secretas, organizaciones extractivas  o poderes fácticos tradicionales. No se lleven a error, yo acuso a aquellos que estando cerca de sus iguales y de la realidad tirana de su entorno, niegan la mayor y miran a otro lado. Nada hay más felón que ver a alguien ahogarse y ahorrarse extender la mano…

Tribunos de la plebe vendidos a los patricios de quien reciben privilegios, están traicionando a sus electores y haciendo que las carencias de estos les inmovilizen las voluntades. Clase extractiva consciente de la indignidad de su posición, lejos de tener vergüenza, parecen mostrar satisfacción ante sufrimientos manifiestos que parecen no tener solución.

Yo acuso por una sencilla razón, acuso por poder hacerlo, acuso por tener razón…

En la ciudad en la que vivo, la ciudad en la que quiero ser y estar, hay muchos que sin ser nada se la llevan de vellón. Todos los que dicen hacer algo, mucho tiempo pasan diciendo y poco laborando. Mientras se hace imprescindible actuar contra las carencias sociales, la falta de empleo y los problemas reales, los plenos sirven para escenificar cuentos. Historias de un mundo perfecto que nada solucionan pero a los actores del libreto parece dejar contentos.
¿Cómo evitar señalar con el dedo a unos cargos electos que pecan por sistema?, ¿cómo evitar la crítica?. Lo siento, no me resulta posible. Yo acuso, insisto, pues mientras gobierno y oposición simulan tener disputas que les justifiquen sus puestos, muchos ciudadanos (permítanme ustedes) las pasan muy putas…

El sistema funciona a la perfección, yo hago y tú miras, tú haces y yo disimulo. Repartamos entre todos y así todos contentos. Brindis al sol resultan norma, llenarse la boca de buenas intenciones que siempre son a futuro parece oficio aprendido y de lo que hay que solucionar en el momento, mejor no hablemos que con decir “no es mi competencia” ya me excuso y a todos contento. Falsos empecinados en parecer santos, con cada día que pasa más se acercan a los infiernos.

Yo acuso la inmoralidad de los comportamientos que diciendo ser legales son, sin lugar a dudas, injustos.

Los políticos locales han de ser la primera linea en todas aquellas cuitas que una población sufre. Los cargos que paren las urnas lo son por  la población que les vota y nunca a la inversa, pues pensar que por ocupar un cargo, este cargo es un derecho, hace que los que lo ocupan dejen de merecerlo. La realidad es la que es y no puede falsearse, pues si la verdad tiene las patas cortas, la mentira aún más…

Hablar de defensa de los derechos sociales y de la maldad de los gobiernos de las instancias superiores al Ayuntamiento, no solo es falaz, es una ignominia que de ser todo más verdad en esta sociedad, debería ser punible, debería ser pecado capital.  ¿Puede un primer edil hablar de justicia cuando le traiciona su propia realidad? La respuesta es sencilla y monosilábica, la respuesta es no. Un no rotundo y crudo que pasado el tiempo crece y ensombrece lo que un día pudo parecer virtud.
Yo acuso a aquellos que trabajando para la sociedad no toman conciencia de la realidad de la misma.
Denuncio a los alcaldes que en mitad de una crisis que ya es guerra abierta y que registra bajas todos días, siguen cobrando dos, tres o más sueldos sin sentir vergüenza. Debo quejarme amargamente de una realidad sucia que se retroalimenta, pues incluso aquellos que podrían alzar la voz desde el interior de los órganos de gobierno, dicen no poder hacer nada con lo que sucede: “Que si no podemos hacer más de lo que hacemos, que si las mayorías inmovilizan, que si estas son las reglas del juego…”.

Yo acuso a las comparsas que en el bienestar de su puesto miran al cielo y dicen no saber nada.

Defiendo que en política se debe ser para poder hacer. Afirmo que en un Ayuntamiento un despacho de concejal (aunque sea sin cartera) debe ser una ventana por la que la ciudadanía observe el interior del consistorio. Yo acuso a todos aquellos que pudiendo airear el edificio, cierran los porticones y se hacen cómplices del silencio. Demasiados años de crisis y seguimos sin saber, pero saber cierto, cuál es el presupuesto real de nuestro pueblo. Fórmulas legales pero opacas se utilizan para acabar diciendo nada.

Yo acuso a los mercaderes que han ocupado el templo de la democracia en mi pueblo.

Les afirmo que a pesar de sus mayorías no son lo que necesitamos. Son comerciantes de favores que les acaban dando réditos. Piensen un poco, miren hacia adentro, ¿realmente creen que se trabaja con responsable sentimiento?, ¿realmente creen que lo primero en sus trabajos es lograr el bienestar ciudadano? La respuesta, si apelan a su conciencia, es no…

Llevamos mucho tiempo permitiendo que algunos se escuden en lo que denominan “voluntad popular”. La política pervierte los mandatos cual una dictadura y acaba estableciendo que ser elegidos es sinónimo de disponer de un cheque en blanco. Parafraseando al insigne Ortega y Gasset, afirmo desde el convencimiento que gobernar en democracia “no es esto, no es esto”. Decir que lo que se nos ofrece es justo es mentir a la descarada, es morir en el intento.

Yo acuso y no ceso. Yo acuso y ofender no pretendo, pues decir la verdad es como levantar persianas y permitir que la luz nos llegue dentro.

Me reconozco la ambición de ganar la confianza de los ciudadanos, me creo capaz y recto. Sé que de ser concejal, sabré hacer lo correcto. Pues tomaré decisiones consciente de que no será mío el puesto, sabiendo que recibo un privilegio y que estaré llamado a iniciar acciones. Sabré que habrán de ser útiles a todos aunque no llegue a ver el final de los proyectos. Pues la política no es una profesión y es el que haya llegado a serlo, lo que la ha pervertido hasta su estado actual.

Decía San Agustín de Hipona en sus  “Confesiones” que existirá la verdad aunque el mundo perezca. Verdad inapelable que hago parte de mi filosofía, no espero perecer, espero vivir unas circunstancias que gracias a la verdad se conviertan en realidades justas.

Yo acuso la falsedad en palabras y obras.

Afirmo que muchos de nuestros representantes no merecen serlo. Digo sin tapujos que deben salir a la realidad del frío social y volver a luchar (si alguna vez lo hicieron) por la verdad. Una verdad que siempre espera poder expresarse, una verdad que nos hace medrar.
Yo acuso a los faltos de memoria, rechazo la demagogia y desprecio a los mentirosos de oficio que nada aportan ya.

Se acaba el tiempo y apelo otra vez a la esperanza que me aportan personas como Horacio Amezúa. Este argentino (hijo de un país que de la corrupción parece haber hecho patrimonio nacional), decía que “todo aquello por lo que luchamos y en lo que creemos -la libertad, la igualdad y la justicia-,  encuentran su máxima expresión en el despacho de un concejal, pues es allí donde todos esos valores se concretan en personas con rostro”.

Aquí quedo tras acusar a aquellos que nunca se sienten culpables. Aquí planto mi puesto y espero que los ladridos me recuerden que sin duda cabalgo.  A disposición de nuestro particular Senado, asumo que me lleguen los Idus de marzo.

Yo acuso. Vengan de frente y no se cubran los rostros con los sudarios del pasado. Los que hicieron los méritos ya no ocupan ningún puesto

POLÍTICA ES MORAL.





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